viernes, 1 de marzo de 2013

Las TAHAS, los BARRIOS y los PUEBLOS



La Distribución Administrativa Cuando la Ocupación Árabe: LAS TAHAS

            Del siglo XI tenemos conocimiento de que la Alpujarra estaba ya dividida en una especie de distritos llamados ayzâ, integrados cada uno por varias arquerías  (nombre que recibían los asentamientos o núcleos de población árabes), y un hisn o fortificación principal, que hacía la vez de elemento defensivo del distrito, y de cabeza del poder central. En los siglos XII y XIII aparece otra división en la que la Alpujarra se organiza en aqâlîm, con mayor extensión territorial que las anteriores, pero en menor número. Por último, a mediados del siglo XIV se vuelve a modificar esta estructura dividiéndose el territorio en una docena de  tahas, cada una bajo la autoridad civil de un alcalde, y religiosa de un alfaquí mayor (doctor de la ley entre los árabes). Estos doce distritos serían los de Alboloduy, Andarax, Berja, Dalías, Ferreira, Juviles, Lúchar, Marchena, Órgiva, Poqueira, Sâhil y Ugíjar. Esta organización permanecerá hasta la expulsión de los moriscos, aunque el nombre se seguirá aplicando hasta el siglo XVIII, sin respetar la nueva ordenación territorial.


Los BARRIOS

            "La denominación de Barrio no es la misma en la Alpujarra que en otras zonas"
       
        ...apunta Carmen Trillo San José en su libro "La Alpujarra, Historia, Arqueología y Paisaje", pues no viene a definir un conjunto significativo de calles dentro del mismo núcleo de población, sino apartadas, pero integrantes del núcleo principal. De lo anterior deriva que, cuando un individuo define su procedencia, lo hace con relación al pueblo y al barrio del que es originario. ¡Que le pregunten si no a mi amigo Toñico y lo pronto que contesta: “Yo soy del Barrio Alto d´Orgiva”!

         "Esta división de los municipios en distintos núcleos de población es frecuente en la comarca, siendo típico de ella el fraccionamiento, a su vez, de los núcleos de población en barrios, con nombres propios, funciones características y rivalidades mutuas, que antiguamente llegaban a hostilidades abiertas y solucionadas a palos. Un caso ejemplar de este fraccionamiento en barrios es el de Trevélez, compuesto por tres barrios que se llaman <<alto>>,<<medio>> y <<bajo>>,..."
   
Navarro Alcalá-Zamora, P. Mecina (...) Pág. 67

Los PUEBLOS

            En la Alpujarra, los pueblos aparecen diseminados, estando los principales de ellos, rodeados por aldeas más pequeñas llamadas anejos o barrios, que con el crecimiento de la población, han podido llegar a fusionarse con el primero.

            Los pueblos, no siempre guardan una disposición escalonada y orientada hacia el sur, como sucede con la mayoría de los que están emplazados por encima de la línea de los 1000 metros de altitud (ver plano desplegable al principio del libro), sino que también los hay en llanos (Cádiar, Órgiva...) y orientados hacia el norte (Torvizcón...); pero son las excepciones.

            Antes de lanzarme a la descripción del pueblo alpujarreño, y puestos a hablar de sus raíces musulmanas, me ha parecido correcto realizar un breve recorrido por la religión y las costumbres del pueblo islámico, que sin duda nos abrirá los ojos ante nuevas ideas, y nos ayudará a comprender mejor nuestra arquitectura.


La Ciudad Islámica Como Reflejo de su Carácter Religioso

         La religión islámica es una teocracia igualitaria, en la que todos los islámicos son iguales por el hecho de ser creyentes, y a su vez esclavos de Dios. Esta igualdad tan radical les convierte en extremadamente reservados y prudentes cuando se trata de expresar su jerarquía o su fortuna. En el sura ó capítulo XLIX del Corán, “Las Habitaciones”, versículo 12, podríamos encontrar, una de las claves que tiene que ver con el carácter profundamente privado, recogido  y religioso de los musulmanes, lo cual se reflejaría directamente en el aspecto de sus casas, de las calles y de las ciudades en general:

"¡Oh vosotros los que creéis! evitad la sospecha demasiado frecuente; hay sospechas que son pecados; no tratéis de espiar los pasos de los demás ni digáis mal unos de otros;...Temed pues a Dios, que gusta de volver hacia los hombres y es misericordioso."

         El recato del musulmán es una señal de respeto a sus hermanos, y por ello ocultarán la riqueza de sus casas tras una pobre y sencilla fachada (recordad las palabras de Jerónimo Münzer). Es por ello que en las viviendas, las aperturas, salvo la puerta de entrada, estarán bien enrejadas o cegadas con persianas o celosías.

            Otras de las claves que abocan al estilo arquitectónico islámico sería sus raíces nómadas. Sería el nomadismo lo que les impidió crear un tipo organizado de ciudad. Esto se hace evidente allí donde estuvieron, notándose la ausencia de un plan de ordenación urbana. La temporalidad limitada de los asentamientos, no les daría tiempo para organizar los mismos, o mejor aún, no les sería motivo de preocupación pensando que tendrían que irse al poco tiempo; aunque luego pudiera suceder lo contrario. Recordemos que los árabes entran en España en sucesivas oleadas clánico-tribales que terminan estableciéndose en el país, y que una de estas primeras oleadas estaba formada por un gran contingente de beréberes norteafricanos, los cuales posiblemente recibieron como contribución a la conquista, las tierras más montañosas: la Alpujarra entre otras, mientras que las tierras llanas y ricas se las repartieron las tribus árabes. Esto explicaría el gran parecido de la arquitectura alpujarreña con la arquitectura beréber del Atlas marroquí, de la que tantos autores hablan. 

            Con estas dos grandes ideas que acabamos de ver, la descripción de un núcleo musulmán podría ser la siguiente:

            “Los núcleos de población islámicos han perdido todo su valor estructural. Las calles interrumpen su continuidad con quiebros y recodos, ya que las largas perspectivas hieren la intimidad del musulmán. Las viviendas se constituyen de dentro a afuera. El espacio público se ve privatizado, y la calle pierde su hegemonía. La falta de espacio obliga a volar los pisos altos sobre las calles, unas veces mediante el apoyo en tornapuntas o jabalcones, otras cubriendo toda un tramo entero de la calle pero sin que esta pierda espacio. Por donde quiera que vayamos encontramos los adarves, callejas sin salida, que abren acceso a las viviendas.”

         ¿No parece la descripción de un pueblo alpujarreño?


El Pueblo Alpujarreño

         Existe todavía un tercer factor ajeno al pueblo islámico, que influirá decididamente en el nacimiento de la arquitectura típica alpujarreña, y del que no hemos dejado de hablar desde el principio. Se trata de la misma Alpujarra, su condición geográfica, su geología, su clima, su vegetación...

            La difícil orografía del terreno, inclinado e irregular, obligó desde el primer momento a la adaptación de las construcciones al terreno, aprovechando incluso las grandes rocas que florecían sobre las rasantes para fundar los cimientos de las casas, ¿qué mejor apoyo?
           
            Se construye escalonadamente orientando las vistas hacia el sur, y cuando menos, hacia los espacios abiertos para conseguir el mayor soleamiento posible y guardarse del frío. Las alturas de los edificios es poca por la economía de medios, y además guardan una distancia regular hasta el suelo respetando la pendiente del terreno. Su monotonía sólo es rota por las torres de los templos.


Ilustraciones nº 19 y 19.2.- Se construye escalonadamente y guardando una pendiente paralela al terreno. Abajo, vista de Bubión.

La Trama Urbana
             Está formada por el conjunto de las manzanas de viviendas en sus distintas formas, delimitadas por las calles, y los demás espacios públicos.

            A la llegada de los repobladores cristianos a la Alpujarra, se encuentran con una serie de núcleos dispersos por la sierra allí donde las condiciones los hacían más propicios: tierra de cultivo, manantiales, lugares soleados y resguardados de los fríos vientos. Además encuentran toda una serie de infraestructuras ya realizada compuesta por caminos, bancales para el cultivo, acequias de riego y albercas.
         La llegada de los repobladores respetará casi por completo las formas arquitectónicas, sujetas a las variaciones propias de la nueva cultura que implantará el uso de los espacios públicos antes inexistentes y la modificación de la trama urbana morisca, a la que ahora habría que superponer una malla ortogonal producto de la reparcelación para el reparto entre los nuevos colonizadores cristianos; de lo que resulta que si miramos un plano de parcelación de cualquier pueblo, la mayor parte de las propiedades poseen forma poligonal, bien un rectángulo, un trapecio, una “L” u otra un poco más complicada impuesta por las dificultades caprichosas del terreno.

 Ilustración nº 20.- Una de las muchas manzanas de Pampaneira. Las propiedades tienen todas forma poligonal.

         Cada parcela o propiedad podía disponer de un pequeño huerto adosado, bien atrás o lateralmente en donde con toda seguridad, a la llegada de los repobladores, crecía un moral para alimentar a los gusanos de seda, actividad a la que se dedicarían la mayoría de las familias moriscas.


Las Calles
             Son siseantes, tortuosas y empinadas variando su ancho y dirección. Abundan los callejones sin salida, adarves, que hacen de entradas particulares a las viviendas o a los corrales. La ocupación de la casa sobre la calle también se hace a modo de pequeños volúmenes llamados poyos o poyetes, a los que se les aplica funciones diversas, desde asientos hasta lugar para colocar los maceteros.

        "Hablar de calles en Mecina es un poco exagerado, ya que éstas son en realidad caminos de tierra, la mayoría de las veces con un arroyo de <<agua va>> por el centro, con bordes irregulares debidos a los entrantes y salientes de las casas (parecen seguir el capricho de sus constructores, sin ninguna idea previa ni norma superior) y con el sinuoso trazado de los caminos de montaña. El nombre de las calles es desconocido para la mayoría de los habitantes, y no se usa ni siquiera para la correspondencia, donde como mucho sólo se indica el barrio; por otra parte las casas no tienen números, ni las calles rótulos. Ahora bien, como se necesitan nombres de calles para censos y papeleos oficiales, las autoridades locales idearon la solución de poner el nombre de cada barrio al camino principal que lo atraviesa,... Para los caminos secundarios y laterales se recurrió al santoral, sin más criterio selectivo que la popularidad de los santos o su patronazgo en pueblos vecinos, completándose con unos pocos nombres que se salen de la norma santificada y que en ciertos casos corresponden a barrios enteros que desaparecieron hace muchos años, cuando la primera emigración dejó el pueblo casi vacío."

           Navarro Alcalá-Zamora, P. Mecina (...)  pág. 74.
            Las formas de las calles referidas a la altura del edificio que la cierra por el lado descendente, son en general de los tres tipos siguientes:




Ilustración nº 21.-  Formas de las calles:

Tipo 1.- Sobreelevada con vista al valle o barranco.
Tipo 2.-  Cerrada por una altura.
Tipo 3.- Cerrada por dos alturas

               Es corriente encontrar en muchas esquinas de plazas y calles, hornacinas con imágenes religiosas, que los vecinos suelen mantener arreglados durante todo el año.


La Pavimentación

          Hasta hace relativamente poco tiempo, la calle ha sido de tierra o disponía de un empedrado rústico morisco de piedra grande o morrillos, del que aún hoy se conservan restos. Por la misma podía discurrir una de las innumerables acequias que bajaban de la sierra, y que hacía las veces de alcantarillado siempre al aire libre, y que aún podemos detectar en bastantes callejuelas ocultas bajo el pavimento de la calle, gracias a las tapas y rejillas de  registro.

         "Las calles, de alineaciones anárquicas, están cruzadas por chorros de agua para riegos, y lo mismo los caminos de herradura. El alpujarreño, consciente del abandono y del olvido en que, durante siglos, lo tuvo la Administración Pública, ha plasmado en un dicho popular su amarga queja:

En la Alpujarra
 todo va fuera de camino,
 menos el agua."

López Méndez, H. La Alpujarra: ... Pág. 39


         Actualmente muchas calles están pavimentadas con hormigón espigado que pretenden evitar el deslizamiento, otras combinan el hormigón con una atarjea, canaleta central y longitudinal también de hormigón o de empedrado, sobre el que se encauza el agua.

            La geometría del suelo es multiforme e irregular para poder dar solución práctica a todos los problemas de evacuación de las aguas, y presenta casi siempre cierto declive hacia el eje de la misma para encauzar la corriente.


 Ilustración nº 22.-  De paso por una calle empedrá. “Caminante no hay camino, lo hace el pollino al  llevarte.”


Las Escaleras
         Para acceder a las viviendas se hace necesario muchas veces la construcción de una escalera, que si va adosada a la casa se hace de los mismos materiales que la fachada. Estas escaleras pueden alcanzar alturas considerables y no siempre suelen disponer de barandilla. Para no restar espacio a la calle ya de por sí estrecha, suelen tener la meseta pequeña y la tabica alta, cambiando de dirección para adosarse a la pared. En algunas circunstancias, como cuando discurre una acequia paralela a la línea de fachada, la escalera vuela por encima de ésta construyéndose una bóveda o un puente similar a los pisos: unas vigas de madera longitudinales, palos transversales y losas apoyadas.
           

También se disponen escaleras o escalinatas en las calles muy empinadas para salvar la fuerte pendiente y evitar resbalones.


Las Fuentes Públicas y las Plazas

         En el pueblo persiste fundamentalmente la calma y el silencio. El discurrir del agua, el chapoteo del chorro cuando cae continuo será el único sonido mágico y persistente que no se apagará a ninguna hora del día, a no ser cuando se oculta bajo el ajetreo de actividades humanas muy puntuales. El agua, fuente de toda vida, es el núcleo a partir del cual se desarrollará el pueblo.

            Todos los pueblos crecen alrededor del agua, bien sea de un nacimiento o de un arroyo que baja de la sierra. La fuente nace como expresión de riqueza y dominio público de este bien, y por lo general, suele haber varias repartidas por las calles del pueblo donde casi nunca falta la de la plaza, que es el espacio vital de reunión y de actividad social y económica presidida por el templo; aunque la plaza como tal no se construye hasta que no se hace efectiva la repoblación después de la expulsión de los moriscos.



 Ilustración nº 22.2.- Fuente y plaza de Atalbeitar

EL PAISAJE



        Cuando nos adentramos en la Alpujarra, la blancura de los pueblos los resalta en el paisaje a lo lejos, salpicando aquí y allí, como manchas blancas en la inmensidad de la mole montañosa asomados al borde de los barrancos muchos de ellos, donde la temperatura es más cálida que en los valles y las vaguadas.

            En sus orígenes las casas no se pintaban, como apuntaba Gerónimo Münzer en 1494, y justo cuatro siglos más tarde, el doctor Olóriz en el viaje que realizó en el verano de 1894 a la Alpujarra con motivo de un estudio antropológico de sus pobladores.

        “Se ve un barrio alto con las casas alienadas, grises y como una serie de dados puestos en fila, cuyos puntos negros fueran las ventanas. Allí, para que el símil sea admisible, es necesario suponer que los dados tuvieran sus facetas grasientas y ensuciadas por las manos de los jugadores. El resto del pueblo, en apretada e importante masa de edificios, en cuyo centro está la iglesia, parece por las formas rectangulares de ellos, la falta de tejados y la disposición escalonada e irregular que ofrecen, como si un crecido montón de los mismos dados que antes dije se hubieran derrumbado hacia el barranco, quedando todos sobre una de sus caras.
            Apenas hay una docena de casas blancas... las demás, es decir, la inmensa mayoría parecen a distancia como ahumadas por un incendio, porque las piedras y pizarras de que están construidas conservan su color propio oscuro y no se revisten con yeso ni cal exterior ni aún interiormente en muchas viviendas.”

Olóriz Aguilera, F. Diario3... Pág. 239 y 264

       Este otro texto se escribió medio siglo después.

        "Las casas alpujarreñas están construidas a manera de escaleras, que desde la lejanía parecen brochazos blancos de cal sobre la verde ladera. Valles al abismo, sierras al cielo, caminos estrechos y barrancales sin salida. El aspecto de los pueblos de la Alpujarra está condicionado por la orografía del lugar. Muchos de estos terrenos son movedizos, como se ve claramente en los desprendimientos de las carreteras.
  López Méndez, H. La Alpujarra: ... Pág. 39
          Los colores del paisaje, en su variedad de tonos, adoptan combinaciones diversas según la estación del año. En invierno dominan los grisáceos, ocres y verdes oscuros; en primavera una amplia gama de verdes; en verano hacen acto de presencia otros más cálidos, y se pueden contemplar sobre las terrazas, las ropas tendidas secándose al sol, junto a las ristras de frutos y vegetales formando manchas de colores.

         "En las terrazas, como si fueran alfombras policromadas, se secan las panochas de maíz, las habichuelas, los higos, los tomates y esas ristras de pimientos colorados, muchos de ellos picantes como mostaza y a los que son tan aficionados los campesinos, que los comen con las gachas coloradas y las migas de harina."
            
  López Méndez, H. La Alpujarra: ...  Pág. 40

        En otoño, se produce un festival de colores, época en la que suelen caer las primeras nevadas, lo que ayuda aún más a acentuar los contrastes del paisaje, sobre todo después de que la lluvia halla limpiado la atmósfera y el sol alumbre en el cielo, ¡todo un espectáculo digno de contemplar!.


LOS CORTIJOS Y LAS ERAS

          En el monte aparecen otras construcciones mimetizadas con el paisaje, más rústicas aún si cabe, y que sirven como casas de verano, para las faenas de campo y encerrar la ganadería. Muchas de estas construcciones están habitadas permanentemente hoy.

       "...hay casas dispersas en medio de las labores, que los naturales llaman pomposamente <<cortijos>> y que sólo se usan durante algunos meses del verano. Remedan4 las casas de pueblo con severa austeridad, reduciéndose a lo estrictamente indispensable: planta única, una sola habitación rectangular de techos muy bajos, que tiene adosado un corral con cobertizo."

 Navarro Alcalá-Zamora, P. Mecina (...) Pág. 81


Ilustración nº 15.2.- Cortijo en el Barranco de la Bina (Trevélez)

Asociado al cortijo aparece la era, un espacio abierto más o menos circular y enlosado donde se trillan las mieses, o sea, se separa la paja del grano, que luego se utilizará para hacer la harina.



Ilustración nº 16.- Sección general y planos de Planta de dos eras diferentes. Una tiene diseño en estrella y la otra marca el centro mediante una losa perforada. Los diseños de las eras, si los tienen, son apreciables mirándolas desde mayor altura, para  lo que podemos ascender unos metros sobre la ladera en la que se encuentran. Por lo general se trata nada más que de una extensión de pizarras o losas colocadas arbitrariamente, que tampoco tienen por qué guardar precisamente una forma circular perfecta. Estos diseños concretos los encontré en Mairena.
 
 LAS ACEQUIAS Y LAS ALBERCAS

         Otro elemento integrante del paisaje son las acequias, que arrancan algunas desde alturas superiores a los 2500 metros, y  se distinguen de lejos porque en sus márgenes crece la vegetación más verde, formando largas hileras características.

            Las acequias se construyeron en tiempos de la dominación musulmana, y aún hoy muchas de ellas, sin ningún tipo de obra de reparación, siguen llevando el agua como el primer día. El fondo es de launa con lo que se logra su impermeabilización. Los laterales son porosos y la humedad que se filtra favorece el crecimiento de plantas hidrófilas que dan consistencia a la construcción y al terreno circundante, evitándose la apertura de bocanas, la erosión de las laderas y los derrumbamientos. En los cambios bruscos de pendientes se construyen caeros.

          Algunas de las acequias existentes en la zona son: Acequias Alta, Clavellina y Rascabejar en Lanjarón. Acequia de Barjás y Grande en Cáñar. Acequia del Almiar en Soportújar. Acequia de la Andadera, Alta y Baja en Capileira. Acequia de Castillejos en Bubión. Acequia de Vacares y de las Albardas en Trevélez. Acequia de Juviles en Juviles...y un sinfín más.

            Es interesante resaltar el motivo que pudo dar lugar al nombre de cada una de las acequias. Algunos caen por su propio peso: acequias Alta y Baja, Grande, Gorda... ¡sobre todo esta última! El de otras se podría deducir, por ejemplo, la acequia Clavellina porque debe o debía de haber bastantes flores de este tipo en sus inmediaciones; la de Andadera porque su trayectoria debe de ser fácil de recorrer a pie; o la del Almiar porque debe de pasar o surtir de agua el lugar donde los campesinos formaban estos montones de paja...  Sin duda que sería interesante emplear algún tiempo para recorrer y averiguar más sobre estos canales.

            Las albercas se construyen al paso de las acequias que no llevan caudal continuo y en previsión de falta de agua por sequías u otros motivos. Se realizan vaciando el terreno, y suelen disponer de al menos un lateral con pendiente suave o carril de acceso interior para facilitar su mantenimiento. El fondo suele impermeabilizarse de launa. La salida se realiza abriendo una brecha en el extremo por donde se quiera causar el desagüe, hasta llegar a la profundidad máxima. En el fondo de la brecha se construye una especie de canaleta cerrada con losas de pizarra en la base, laterales y techo en todo el ancho del muro, y de la suficiente dimensión como para que un hombre pueda agacharse e introduciendo el brazo, retire o coloque el tapón del desagüe de la alberca, que suele construirse con un cilindro de madera de  10 o 12 cm de diámetro y algo más de largo. La brecha abierta con motivo de la construcción de la boca de salida, se vuelve a tapar hasta la coronación de la alberca impermeabilizando con launa si es necesario, con lo que queda así totalmente lista y preparada para recibir agua.


Ilustración nº 17.- Plano de planta de una alberca. Se distingue el hueco de la alberca en sí con la rampa de acceso, la entrada de agua o llenado, que se logra haciendo una desviación de la acequia principal, y el vaciado inferior o piquera.

También se suele disponer de un rebosadero o sangría, que vierte sobre la acequia cuando la alberca está llena, evitando que se desborde.


Ilustración nº 18.- Sección S-S de la misma alberca. Arriba a la izquierda se aprecian la entrada del agua y el vaciado superior o sangría. Abajo a la izquierda el vaciado inferior o piquera con el tapón “colocao”. Las ranas se fueron con la cantimplora a buscar agua.


LOS BANCALES
          También llamados paratas y a veces poyatas, son el resultado de una labor artesanal de siglos, dirigida al desarrollo de la principal actividad en la Alpujarra: la agricultura y la necesidad de disponer el terreno lo más horizontal posible.
           
            Los balates se construían de mampostería en seco trabada con ripios, lo que además de permitirles adaptarse a los pequeños movimientos del terreno sin quebrarse, facilitaba el drenaje de toda el agua que filtraba  detrás del mismo, tirándola por las juntas. Otros se construían trabando la piedra con argamasa de barro, lo que le confería mayor solidez a la construcción.
  
LOS CAMINOS
          En el paisaje, los caminos se divisan serpenteantes, y por lo general abruptos, estrechos y empinados, poniendo en comunicación los pueblos, los barrios y los cortijos. Con la llegada de las carreteras, estas vías naturales han ido perdiendo en importancia, siendo relegadas al paso de los animales, y de las cada vez menos personas; aunque últimamente están tomando mayor auge gracias al senderismo, y a la reutilización de los cortijos, sin llegar a lo que antaño fueron.

            En muchos barrancos, aún hoy, con nada más que asomarse (con cuidado) por debajo de los puentes actuales, se pueden descubrir los restos de aquellos otros antiguos que sirvieron para enlazar los caminos de herradura a ambos lados del río; y los hay que hasta se conservan en pie como es el puente romano de Mecina-Bombarón.


LOS MOLINOS DE AGUA
             Como los cortijos, se encuentran dispersos pero localizados a lo largo de los cauces de agua, que por discurrir estos por los barrancos y tupidos de vegetación, hacen que estas construcciones pasen bastante desapercibidas al transeúnte indiferente.

       “Los molinos de aceite y harina, construidos con piedra y movidos por agua, son numerosos. Algunos de ellos datan de la ocupación musulmana de la Alpujarra.
            Se los puede ver en el barranco de Poqueira, debajo de Pampaneira, en el de los Molinos a la salida de Pitres, en los alrededores de los pueblos de Trevélez, de Válor y de Torvizcón, así como a lo largo del torrente de los Molinos, entre Mecina Tedel y Cojáyar, en la Contraviesa. Poco a poco son reemplazados por molinos de motor (petróleo o electricidad) de una arquitectura moderna y no siempre afortunada.
            El agua llega al molino por un canal llamado el caz. Después es conducida por una especie de alta chimenea rectangular, el cubo, que sobrepasa la construcción, para finalmente caer sobre la rodezna que, todavía en nuestros días, puede ser enteramente de madera. Esta ocupa una posición horizontal, golpeando el agua oblicuamente las paletas. Pone también en movimiento la piedra de moler, situada en un plano inferior. El agua sale del molino por uno o dos canales, los carabos.
 Spahni, J-C. L´Alpujarra. Pág. 103

 Ilustración nº 18.2.- Molino de agua en el río Poqueira


3 Tomado del libro “Diario de la expedición antropológica a la Alpujarra en 1894”. Estudios preliminares de Miguel Guirao Pérez, Juan del Pino Artacho y Francisco Izquierdo Martínez. Colección “Sierra Nevada y la Alpujarra”. Iniciativas Líder Alpujarra, S.A. y Fundación Caja de Granada.
4 Remedan = Imitan